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Archivos Mensuales: diciembre 2012

Los Belos y el Fin de Año

Hubo un tiempo, hace ya más de dos mil años, en el que los Belos ocupaban una pequeña parte de la Península Ibérica, más concretamente algunas tierras que, en la actualidad, pertenecen a Aragón y a Castilla y León. Los Belos eran un pueblo celtíbero, que vivía de la agricultura y de la ganadería, además de tener una importante industria textil y de fabricar armas que alcanzaron un gran prestigio en aquella época. La ciudad más importante de los Belos era Segeda, emplazada en una colina  reforzada defensivamente (lo que los romanos conocían como oppidum), que se encontraba en la actual comarca de Calatayud, entre Mara y Belmonte de Gracián.

La ciudad de Segeda había llegado a un acuerdo con los romanos en el año 179 a. C., por el cual Roma se comprometía a mantener la paz con los Belos y a permitirles acuñar moneda propia, a cambio de una cantidad de impuestos que los celtíberos debían de pagar cada año y de comprometerse a no ampliar sus ciudades. Sin embargo, veinticinco años después, en el 154 a. C., los Belos decidieron ampliar sus murallas para que alcanzaran un perímetro de ocho kilómetros. Roma interpretó aquella acción como una ruptura del tratado y decidió iniciar inmediatamente los preparativos para la guerra.

Para dirigir la operación se decidió nombrar a un cónsul, en vez de a un pretor, como hubiera sido lo normal. Aquello suponía un gran problema, ya que designar a los cónsules era algo que se hacía el primer día del año político-administrativo de Roma, es decir el 15 de marzo. Pero, si se esperaba hasta esa fecha, la maquinaria de guerra romana no estaría en marcha hasta el otoño y aquello significaba afrontar las hostilidades con una complicada situación climatológica. Tal debía de ser la importancia que Segeda tenía para Roma, que fue preciso adelantar las fechas, aunque aquello supusiera cambiar totalmente el calendario. Y así fue, el 1 de enero se nombraron a los cónsules y, a partir de entonces, esa sería la nueva fecha que marcaría el inicio del año hasta nuestros días.

Así es como un pequeño territorio aragonés, influyó hace dos milenios en los acontecimientos del mundo, hasta el punto de cambiar el calendario que actualmente marca nuestras vidas.

Roma consiguió preparar todo para iniciar la campaña a principios del verano, enviando un poderoso ejército de 30.000 hombres. Los Belos, por su parte, se aliaron con los arévacos, otro importante pueblo peninsular que habitaba un territorio cuya capital era la ciudad de Numancia, donde buscaron refugio los habitantes de Segeda, dejando vacía una ciudad que fue arrasada por las tropas romanas al mando de Quinto Fulvio Nobilior. Sin embargo, los celtíberos, mandados por Caro de Segeda, prepararon poco después una emboscada en la que causaron más de 6.000 muertes entre las legiones romanas. La guerra fue larga y dura y el invierno siguiente llegó sin que se hubiera resuelto el conflicto, provocando otro gran número de bajas entre los romanos. Al año siguiente, Roma trató de solucionar aquel problema nombrando un nuevo cónsul, Claudio Marcelo, que buscó algún acercamiento más diplomático y a punto estuvo de conseguirlo, pero no tardaron en surgir de nuevo las hostilidades, que acabarían desembocando, con el paso del tiempo, en la célebre guerra contra Numancia, de triste recuerdo por su trágico, aunque heroico final. Pero esa es ya otra historia, de la que, posiblemente, nos ocuparemos en otra ocasión.

Feliz Año Nuevo.

 

Foto: As de Segeda.

Documento procedente del archivo del arqueólogo e historiador Francisco Burillo Mozota. 

Extraído de: http://catedu.es/aragonromano/segeda.htm

 

Los Cuadernos de Urogallo

La Cocina de Urogallo

 
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Publicado por en 30 diciembre, 2012 en Historia de las Cosas

 

El día del fin del Mundo

Hoy es 20 de diciembre del año 2012 y medio mundo está pendiente de qué pasará mañana. Pendiente de si será verdad el rumor que lleva circulando desde hace tiempo. Un rumor, supuestamente basado en una profecía de los mayas, según la cual mañana sería el día marcado para el fin del mundo. Un mundo que mientras tanto sigue, cómo no, a lo suyo. Mientras algunos rematan sus asuntos preparándose para lo peor, la mayoría seguimos haciendo las cosas habituales en nuestra vida. Será porque, a nuestros años, ya hemos pasado por varios días en los que se suponía que el mundo se iba a acabar y a la mañana siguiente volvía a salir el sol. Eso sí, a veces algo nublado.

Toda esta historia se basa en una antigua creencia de los mayas, una civilización que poseía grandes conocimientos de astronomía, gracias a los cuales fueron capaces de definir los ciclos de algunos de los planetas de nuestro sistema solar. Su minuciosa observación de los cielos, les permitió crear un modelo de calendario bastante preciso. Así, nos encontramos con que, según sus creencias, la historia de nuestro planeta estaba formada por diferentes ciclos a los que ellos llamaban Mundos. Cada Mundo tenía una duración de 1.872.000 días, al término de los cuales se acababa ese Mundo y empezaba otro nuevo. Algo así como si en nuestro calendario cambiáramos de siglo o de milenio. Ellos vivían en el cuarto Mundo de la historia de la tierra, que había empezado en el que para nosotros habría sido el 13 de agosto del año 3144 a. C. y que, por tanto, se habría de terminar el 21 de diciembre del 2012, es decir, mañana.

A partir de aquí, todo lo demás son interpretaciones libres que cada uno pueda hacer. Sin embargo, ellos no dijeron que el mundo se fuera a destruir físicamente, ni predijeron ninguno de los múltiples cataclismos terminales que podemos oír estos días. La cosa es mucho más sencilla. Mañana se acabaría un ciclo de la vida de la tierra y empezaría otro diferente, lo cual a algunos nos permite ser unos privilegiados que no solo habríamos vivido un cambio de siglo y de milenio, sino también un cambio de Mundo, según las creencias mayas. El cambio de siglo y el de milenio, pasaron sin pena ni gloria y desde entonces, todo sigue más o menos igual para la humanidad, si no peor. Esperemos que la civilización maya tuviera razón y mañana empiece una nueva etapa en la Tierra, pero, a ser posible, para mejor.

Los Cuadernos de Urogallo
 
 

Rosa Parks

El 12 de abril de 1861, estallaba en Estados Unidos la Guerra de Secesión. Un conflicto que surgió a partir de la división del país en dos ideas totalmente opuestas. El Norte, cuyos estados se basaban en una economía más industrial y que pugnaba por la abolición de la esclavitud y el Sur, con unos estados que se apoyaban en una economía agraria, que les resultaba enormemente rentable gracias a la barata mano de obra de los esclavos negros. Cuatro años después, el Norte se alzaba con la victoria de una guerra que había costado la vida a más de un millón de personas. Sin embargo, cuatro millones de esclavos negros fueron liberados y en la constitución de los Estados Unidos se incluyeron tres nuevas enmiendas: una que prohibía la esclavitud; otra que extendía las protecciones legales federales a todos los ciudadanos, independientemente de su raza y la tercera que abolía las restricciones raciales para votar.

Noventa años después, los negros eran libres, sí, pero tenían que vivir bajo la humillación que había supuesto la promulgación de unas leyes, que segregaban su raza de la de los blancos, dejándolos en una situación de clara inferioridad y marginación dentro de la sociedad. No podían entrar en los lugares establecidos para los blancos, como bares o restaurantes; tenían sus propias escuelas y, bajo ningún concepto, podían utilizar los aseos para blancos en los que solía haber letreros con un rotundo Negros No. Así, en los lugares comunes, tenían un espacio apartado para ellos, como sucedía en los autobuses públicos, donde los negros debían de entrar por delante para pagar al conductor y luego, bajarse y entrar de nuevo por la puerta de atrás, para sentarse en la parte trasera donde estaban los asientos destinados para ellos, mientras que los delanteros estaban reservados para los blancos y los del medio podían usarlos las personas de raza negra, siempre y cuando no hubiera un blanco que necesitara sentarse, ante lo cual debían de levantarse y cederle el sitio.

Rosa Parks

Rosa Parks

Eso mismo sucedió el 1 de diciembre de 1955 en Montgomery, Alabama, cuando una mujer llamada Rosa Parks, que trabajaba como secretaria en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color, subió al autobús y se sentó en uno de aquellos asientos que debían de ceder si era necesario. Poco después subió un muchacho blanco y al estar todos los asientos ocupados se quedó de pie, pero el conductor paró el autobús y ordenó levantarse a los negros que ocupaban los asientos comunes. Así lo hicieron de inmediato tres hombres, mientras que la mujer se mantuvo sentada sin obedecer las órdenes del conductor, que la amenazó con avisar a la policía para que la arrestaran. – ¡Puede hacerlo! – fue su única respuesta. Y así fue, Rosa Parks pasó la noche en una celda, por perturbar el orden público y tuvo que pagar una multa de catorce dólares.

Seguramente, pequeñas rebeliones como aquella, habría muchas a lo largo de la historia con mayores o menores consecuencias para sus protagonistas. Diez años antes, otra mujer había actuado igual. Pero la de Rosa fue diferente, por la enorme repercusión que tuvo. El incidente hizo que las asociaciones en favor de los derechos civiles y contra de la segregación salieran a la calle y un hombre, Martin Luther King, un pastor bautista aún no muy conocido en aquel momento, dirigió la protesta contra la empresa de transporte público, que fue sometida a un boicot que duró 382 días. Un año después, su caso llegaba a la Corte Suprema de los Estados Unidos, que declaraba que la segregación era inconstitucional, consiguiendo que en todo el país se invalidara cualquier ley que posibilitara la marginación de cualquier persona por su raza.

La historia del mundo está llena de grandes y célebres personajes, la mayoría de ellos famosos por sus conquistas, por sus hazañas o por su poder. Sin embargo, a veces hay personas más humildes y sencillas, que simplemente están hartas de cómo funcionan las cosas y un día, como hizo Rosa Parks, deciden no seguir aceptando las reglas del juego y dicen ¡NO! Y ese pequeño gesto cambia el mundo.

Rosa Parks murió el 24 de octubre del año 2005, a la edad de 92 años, tras haber recibido en 1999 la Medalla de Oro del Congreso de los Estados Unidos, que en su leyenda reza:
Madre del Movimiento por los Derechos Civiles moderno.
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Foto: Rosa Parks posa en 1956 sentada en el autobús del conflicto.
United Press photo – New York World-Telegram & Sun Collection
Extraída de: Wikipedia
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