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Archivos Mensuales: febrero 2012

A propósito de Einstein

Einstein - Viena 1921 - Por Ferdinand Schmutzer

Corría el mes de septiembre de 2011, cuando un equipo de científicos del proyecto OPERA, encargado de estudiar el fenómeno de la oscilación de neutrinos, anunciaba un descubrimiento que rápidamente saltaba a todos los medios de comunicación: habían detectado un haz de neutrinos que podía viajar a mayor velocidad que la de la luz. La mayoría de los seres humanos no tenemos muy claro qué son los neutrinos, ni para qué sirven, pero desde niños sabíamos que no había nada más rápido que la luz, por eso, que de repente nos desmonten esa “certeza”, nos deja, cuando menos, sorprendidos.

Aquel descubrimiento tenía, además, otra consecuencia, quizás no tan “trascendental” pero sí muy importante: desmontaba algunos de los postulados de la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Algunos de los mejores científicos del mundo, equipados con infinidad de “aparatos carísimos”, habían echado por tierra lo que un gran genio, ganador de un premio Nobel, había conseguido calcular utilizando “un lápiz y un papel”. 

Así es, un lápiz y un papel era todo el bagaje del que disponía este hombre, paciente, metódico y pacifista convencido, cuando, de una manera discreta, sin meter ruido, entró a formar parte de la comunidad científica. Había nacido el 14 de marzo de 1879, en la localidad alemana de Ulm, en el seno de una humilde familia de origen judío que un año después se trasladaría a Munich. Allí pasó Albert sus primeros años, enredando en el pequeño taller en el que su padre y su tío construían novedosos aparatos tecnológicos que no tenían mucha salida. Fue su tío, precisamente, quien contagió al pequeño su afición por los libros de ciencia que despertarían las inquietudes científicas del muchacho. Cuando el taller quebró, la familia se trasladó a Milán, mientras que Albert se quedaba en Munich para terminar sus estudios, pero poco después los abandonaría para reunirse con los suyos. Al no haber completado el bachiller, tuvo que hacer un examen de ingreso para entrar en el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich, donde pretendía cursar estudios superiores, pero suspendió al fallar en una asignatura de letras, a pesar de que en ciencias era un estudiante excepcional.  Decidió entonces terminar el bachiller y en 1896, el mismo año en que para evitar cumplir con el servicio militar renunciaba a la ciudadanía alemana y se convertía en apátrida, obtenía el título y podía al fin cursar sus estudios graduándose en 1900 como profesor de matemáticas y física. Poco después empezó a enviar artículos a la revista alemana de física “Annalen der Physik”. En 1901 le concedían la ciudadanía suiza y en 1902, como no encontraba trabajo, entró en la Oficina Federal de la Propiedad Intelectual de Suiza, donde desempeñó, durante siete años, una labor burocrática que le permitía seguir ocupando su mente en aquello que más le apasionaba, la física. Continuó, por tanto, enviando artículos a “Annalen der Physik” y así es como en 1905, un sencillo burócrata suizo, que no tenía ninguna relación con un laboratorio ni una universidad, enviaba a la revista alemana cinco artículos, de los que tres formarían parte hoy en día de cualquier lista que recogiera los textos más importantes de la historia de la física. 

      Aquellos artículos supusieron para Einstein el reconocimiento de la comunidad científica y le procuraron, al fin, un empleo como profesor universitario. Uno de ellos le daría en 1921 el premio Nobel de Física; otro, el que planteaba la Teoría Especial de la Relatividad, cambiaría radicalmente la manera de entender el Universo y nos ayudaría a conocerlo mejor.

Así, con un lápiz y un papel, como aquellas palabras que, según se cuenta, pronunció la propia esposa de Einstein, el día que un grupo de científicos estadounidenses les enseñaban unas impresionantes instalaciones tecnológicas y ella les preguntaba “si todos aquellos aparatos carísimos les servían a ellos para estudiar lo mismo que su marido con un lápiz y un papel”. Se le olvidó mencionar la inteligencia, porque así es, mientras unos científicos trabajan con grandes equipos, Einstein tan sólo utilizaba su cerebro. El planteaba teorías que eran fruto de sus razonamientos y conclusiones, especulaciones matemáticas que salían de su cabeza con naturalidad. En fin, un genio.

Hace unos días nos llegaban noticias de que la velocidad de los neutrinos podría haber estado mal calculada, debido a un error producido por una mala conexión de un cable de fibra óptica con el GPS que hacía las mediciones. La mayoría de los seres humanos seguimos sin tener muy claro qué son los neutrinos, ni para qué sirven, pero al menos estamos tranquilos porque la luz sigue siendo lo más rápido que existe, tal y como sabemos desde niños y Einstein vuelve a ocupar el lugar que en justicia le corresponde: el más importante de los físicos del siglo XX.

La próxima vez hay que tener en cuenta que cuando algo falla, lo primero que hay que hacer es revisar los cables.

Los Cuadernos de Urogallo


 
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Publicado por en 27 febrero, 2012 en Gente de Ciencia

 

Carnaval

Le Petit Journal Illustré en 1920 - Armand Rapeño

El Miércoles de Ceniza se inicia para los cristianos la Cuaresma, un periodo de penitencia y reflexión que sirve como preparación de la Pascua.

      En los primeros tiempos de la cristiandad, la Cuaresma no tenía una duración exacta. Fue a partir del siglo IV cuando se fijó en seis semanas, a imagen de aquellos cuarenta días que Jesús pasó de ayuno y meditación en el desierto justo antes de su muerte y resurrección. El ayuno fue, por tanto, una práctica habitual entre la comunidad cristiana durante ese periodo, sin embargo, a lo largo de aquellas seis semanas, no se podían cumplir cuarenta días efectivos de abstinencia, porque los domingos, al ser el Día del Señor, no se ayunaba. Se decidió entonces añadir cuatro días más antes del primer domingo, que permitían así celebrar cuarenta jornadas de ayuno desde el Miércoles de Ceniza al Domingo de Pascua, siendo éste el posterior a la primera luna llena de la primavera.

      La llegada de este periodo de recogimiento, está marcada, sin embargo, por unas jornadas de un carácter mucho más festivo, los Carnavales, que tienen lugar los tres días anteriores a la Cuaresma, aunque en muchos lugares sus celebraciones se extienden a lo largo de dos semanas o incluso más. Hay quien considera que carnavalesco es todo el tiempo que transcurre desde la Navidad hasta la Cuaresma, por las características especiales de las fiestas que se suceden a lo largo de esa época. Algunos historiadores, creen que sus orígenes se podrían encontrar hace unos cinco mil años, en las reuniones que los campesinos sumerios celebraban disfrazados y enmascarados alrededor de las hogueras, con las que festejaban la fertilidad de la tierra y alejaban los malos espíritus de las cosechas. Desde luego, lo que sí parece claro, es la relación que los Carnavales podrían tener con muchas de las fiestas paganas que se celebraban en la antigua Roma, como las “kalendae lanuariae”, en las que comparsas de hombres disfrazados se burlaban de toda clase de personajes célebres e instituciones; las “saturnales”, durante las cuales se realizaban diferentes ritos de inversión jerárquica; las “lupercales”, en los que, tras el sacrificio de unas cabras, los jóvenes se untaban el cuerpo con la sangre de los animales muertos y corrían, cubiertos tan sólo por unas pieles, azotando con varas a la gente, especialmente a las mujeres; o las “matronalia”, en las que los hombres hacían regalos a sus esposas y se ensalzaba a las mujeres durante toda la jornada que duraba el festejo. 

      Existen varias propuestas a la hora de buscar la procedencia de la palabra Carnaval, que venimos empleando en España desde el siglo XVII. Parece que su origen está en el vocablo “carnevale“, muy utilizado en la Italia medieval y que provenía, a su vez, de “carnelevare“, que significa “quitar la carne”, en una clara referencia al periodo de ayuno que viene a continuación. Sin embargo, a lo largo de los tiempos, se han utilizado otras expresiones muy diferentes, como “carnestolendas“, que tiene el mismo significado que la anterior y en la que podemos identificar el “carnestoltes” utilizado actualmente en Cataluña. Otra curiosa expresión es “antruejo“, que proviene del latín “introitus” y significa “entrada”, una clara alusión de cómo estas fiestas sirven de paso hacia la Cuaresma. Aquí podemos encontrar el origen de palabras como las que se utilizan para los Carnavales en Asturias, “antroxu” y en Galicia, “antroido” o “entroido“, como también los llaman por tierras del Bierzo. Además, otro término muy utilizado en España entre los siglos XIV y XVI es “carnal” que, evidentemente, quiere decir “de la carne”.

       Desde la Edad Media, las fiestas de Carnaval han sido muy populares a lo largo de toda Europa, desde el pueblo llano hasta las más altas clases sociales, donde alcanza determinados niveles de refinamiento y elegancia que, aún hoy, podemos encontrar en un Carnaval de reputado nombre como es el de Venecia. Además, como otras muchas costumbres, no tardarán en pasar desde el viejo continente hasta América, donde arraigan con mucho éxito, como bien lo demuestran los célebres Carnavales de Barranquilla, en Colombia; Veracruz, en México o, cómo no, el de Río de Janeiro, sin duda el más famoso y espectacular del mundo.

      Fue, precisamente en el medievo, cuando el Carnaval adquiere el aspecto con el que lo conocemos actualmente, una celebración con un cierto carácter transgresor, que nos permitirá durante unos días romper con determinadas normas sociales, invirtiendo nuestra personalidad a través de los disfraces; parodiando y criticando a instituciones o a célebres personajes de la política y la sociedad; comiendo y bebiendo copiosamente aquellos alimentos que, como la carne, pasarían a estar más restringidos durante la Cuaresma; o comportándonos de una forma más desinhibida, más espontánea, bailando, saltando, o fustigando y arrojando cosas a los demás, en una cierta locura “controlada” que forma parte de estas fiestas. Todo esto llevará, ya en el Renacimiento, a que haya diferentes intentos de controlar o, incluso, prohibir estas fiestas o algunas de sus prácticas en muchos lugares, como sucedió aquí en España durante la última dictadura, época en la que no se permitían estas celebraciones, limitándose el Carnaval a una fiesta de carácter infantil. Hoy en día, por suerte, podemos disfrutar con libertad de los festejos que Don Carnal lleva por todos los pueblos, en sus diferentes variedades, antes de dar paso a Doña Cuaresma, que un año más llegará recordándonos que polvo somos y en polvo nos convertiremos.

      Así que ¡Viva don Carnal!.

Los Cuadernos de Urogallo


 
 

Malvinas

Islas Malvinas

De vez en cuando, el viejo conflicto que argentinos y británicos mantienen por las Islas Malvinas, vuelve a aflorar con nuevos comentarios o declaraciones de intenciones por una u otra parte.

Este archipiélago, formado por unos doscientos islotes, de los cuales los principales son los dos mayores, Soledad y Gran Malvina, está situado en la plataforma continental de América del Sur, frente a la Patagonia, a tan sólo 480 kilómetros de sus costas, bañado por el que los argentinos llaman Mar Argentino, en el Atlántico Sur. Allí viven unas cuatro mil personas, a las que se conoce como kelpers, nombre que deriva de unas algas llamadas kelps que se dan en abundancia en aquellas aguas, aunque se trata de un término que a ellos no les agrada demasiado y prefieren denominarse islanders. Existen indicios de que, ya en la antigüedad, los indígenas de la Patagonia pudieron haber llegado a estas islas navegando en canoas desde la costa, sin embargo, cuando los primeros europeos llegaron allí, estaban deshabitadas.
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Es difícil precisar quién fue su descubridor y cuándo sucedió. Hay quien dice que pudo ser Américo Vespucio, durante un viaje que partió de Lisboa en 1501, aunque no hay pruebas fehacientes de ello; otros, que fue Esteban Gómez, un explorador portugués que formó parte de la expedición de Magallanes y que, durante su regreso a España en 1520, tras desertar de la flota, pudo haber divisado las islas a las que bautizó con el nombre de su nave: San Antón. Sin embargo, mientras algunas fuentes aseguran que una expedición comandada por Francisco Ribera, tomó posesión del archipiélago para España el 4 de febrero de 1540, los británicos, por su parte, mantienen que fue el explorador John Davis quien las descubrió el 14 de agosto de 1592, aunque también, hay quien defiende la teoría, de que fue el corsario inglés Richard Hawkins quien lo hizo en 1594. No obstante, el primero en aportar pruebas fidedignas de haberlas visto, fue el capitán holandés Sebald de Weert, que, tras avistarlas en el año 1600, las situó geográficamente, como así lo confirman las cartas náuticas holandesas de la época, donde aparecen con el nombre de Islas Sebald o Sebaldinas. En 1690, una expedición británica comandada por el capitán John Strong, navegó por el canal que hay entre las dos islas mayores y lo llamó Falkland Channel, en honor al vizconde que había financiado aquel viaje. Así, Falkland será, desde entonces, el nombre utilizado por los británicos para referirse a este archipiélago.
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A pesar de las disputas entre británicos y españoles por dilucidar quién había sido su descubridor, los primeros en ocuparlo fueron los franceses, en el año 1764, aunque ya desde principios de ese siglo habían realizado varios viajes de reconocimiento a las islas. El explorador francés Louis Antoine de Bougainville les puso el nombre de Malouines, debido a que la mayoría de las expediciones habían partido del puerto francés de Saint-Maló, y estableció en ellas la primera colonia, en el noroeste de la Isla Soledad, a la que llamó Port Saint Louis (actualmente Port Solitude y Puerto Soledad para los argentinos). No tardó mucho la corte de España en enviar una queja formal a Francia, alegando que aquellas islas formaban parte de América del Sur y pertenecían, por tanto, a la corona española que era quien gobernaba aquellas tierras. Así, por motivos diplomáticos, el rey Louis XV de Francia obligó a Bougainville a reconocer la soberanía del reino de España sobre las islas y entregar la colonia a los españoles en 1767, recibiendo a cambio una indemnización de 618.108 libras. Mientras tanto, los británicos, que no estaban dispuestos a renunciar a aquel territorio, de suma importancia para sus intereses comerciales en el Pacífico, establecieron en 1765 un asentamiento al que llamaron Port Egmont, que fue desalojado por una flotilla española en 1770, generándose un conflicto que a punto estuvo de desatar una guerra entre ambas naciones y que se resolvería in extremis con un acuerdo por el que la corona española permitía a los británicos regresar a Port Egmont, donde mantuvieron su base hasta que se fueron en 1774. Desde entonces, España regentó las islas como parte del Virreinato del Río de la Plata, hasta que las abandona definitivamente en 1811, quedando totalmente deshabitadas salvo por las ocasionales visitas de algunos balleneros y cazadores de focas que llegaban, de vez en cuando, en busca de refugio y provisiones.
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      En 1816, Argentina proclama su independencia y ejerce sus derechos de soberanía sobre el archipiélago, como parte del legado de la corona española, ocupándolo oficialmente en 1820 y estableciendo una colonia en la que vendría al mundo, en 1830, la primera persona nacida en las islas. Poco tiempo después, todo iba a cambiar.
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Corría el año 1832, cuando una corbeta británica llegaba a Port Egmont. Sus tripulantes tomaron posesión de nuevo de aquel territorio, reconstruyeron el viejo fuerte y después pusieron rumbo hacia la colonia argentina, fondearon frente a ella y enviaron un mensaje a sus habitantes instándoles a rendirse sin ofrecer resistencia. Poco podía hacer aquella gente ante la superioridad bélica de la nave y así, pocos días después, la bandera británica ondeaba libremente sobre la isla, donde se mantuvo, a pesar de las reclamaciones que los argentinos vinieron realizando a todos los niveles, hasta que el día 2 de abril de 1982, un contingente de soldados argentinos desembarcaba en las islas cogiendo por sorpresa a las fuerzas británicas. Aquella arriesgada aventura terminaría, sin embargo, 74 días después, cuando el ejército argentino, mal pertrechado y hambriento, se rendía dejando atrás 649 muertos, por su parte, y 255, por la de los británicos.
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Está claro que muy poco o nada hemos aprendido los seres humanos de nuestra historia. Tantas reuniones al más alto nivel de mandatarios, políticos y personal de Naciones Unidas y no hemos conseguido, al menos, encontrar una manera de resolver nuestros conflictos, que no sea matándonos en absurdas guerras sin sentido. Pero no perdamos la esperanza, quizás algún día seamos capaces, no sólo de hablar, sino de escuchar a los demás y entendernos.
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Los Cuadernos de Urogallo


 
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Publicado por en 13 febrero, 2012 en Lugares del Mundo

 

Los Jardines del Diablo

Amazonas

Desde la cordillera de los Andes en Perú, hasta su desembocadura en las aguas del Atlántico que bañan Brasil, el río Amazonas recorre Sudamérica de oeste a este, a lo largo de unos 6800 Kilómetros que lo convierten, según estudios recientes, no sólo en el río más caudaloso del mundo, sino también en el más largo. Su cuenca hidrográfica, la mayor del planeta con 6,2 millones de kilómetros cuadrados, sustenta la selva amazónica, que es el mayor bosque tropical que existe y la ecorregión con mayor biodiversidad de la Tierra. Un territorio prodigioso, donde pueden llegar a convivir en una sola hectárea cientos de especies diferentes de árboles, entremezclados en un tupido caos vegetal. Si hay un lugar sobre la Tierra capaz de sorprendernos aún con algo nuevo por descubrir es, sin duda alguna, la selva amazónica. En ella, aún hoy el ser humano pude encontrar nuevas plantas, nuevas especies animales o, incluso, nuevas tribus desconocidas hasta ahora. En su interior, en medio de todo ese desorden se ha venido produciendo un extraño fenómeno. De vez en cuando, aleatoriamente, sin responder a ningún orden establecido, aparecen extensas áreas de terreno pobladas prácticamente por una única especie de árbol, el Duroia hirsuta, que popularmente recibe nombres tan diversos y curiosos como: borojocillo, huitillo, turma de mono o solimán. Los indígenas del Amazonas, incapaces de encontrar una explicación aceptable, atribuyen tan insólito fenómeno a la presencia de un ser maligno.

Así, las leyendas locales nos cuentan que esas parcelas son propiedad de un espíritu del mal, un demonio que se encarga por las noches de limpiarlas de maleza, impidiendo que crezca en ellas ningún otro tipo de planta, tan sólo los Duroia hirsuta porque son sus árboles preferidos. Por eso, muchos son los que hacen referencia a este árbol como “la Casa del Diablo” y a los trozos de selva ocupados por ellos los denominan “los Jardines del Diablo“. Un lugar en el que nadie se atreve a adentrarse en cuanto llega la noche.
La verdadera razón por la que no crecían otras plantas en aquellos Jardines del Diablo era un auténtico misterio, aunque se pensaba que probablemente fuera el propio Duroia hirsuta el que segregara algún tipo de sustancia que aniquilara cualquier planta que germinara en sus inmediaciones. Sin embargo, la realidad no iba a ser descubierta hasta que en el año 2005, un equipo de científicos de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, dirigido por la bióloga Megan E. Frederickson, realizara una serie de experimentos en varios de esos Jardines del Diablo de la selva amazónica peruana. Tras plantar en las misteriosas parcelas varios ejemplares de otro tipo de árbol, comprobaron que aquel ser maligno que se encargaba de eliminar las plantas era, en realidad, una hormiga. O mejor dicho, no una, sino colonias enteras de un tipo de hormiga: la Myrmelachista schumanni, también conocida como “hormiga limón“.
Este pequeño ser, fabrica los nidos en los que vive en los tallos de los Duroia hirsuta y mata a las plantas de alrededor para que sus comunidades tengan más espacio donde instalarse. Para llevar a cabo su macabro plan de exterminio, les inyectan ácido fórmico que ellas mismas segregan y en menos de veinticuatro horas aparecen en la planta los primeros síntomas de necrosis. Así, no van muy desencaminadas las leyendas locales, pues, al menos para las plantas, no cabe duda de que esta pequeña hormiga, es un maligno ser que cuida de que en su territorio sólo subsista su árbol preferido.
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Los Cuadernos de Urogallo


 
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Publicado por en 6 febrero, 2012 en Lugares del Mundo