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La gran aventura de Jeanne Baret

23 Ene

Jeanne Baret

El 15 de diciembre de 1766, la fragata Boudeuse partía del puerto francés de Brest. A ella se uniría, el 13 de junio de 1767 en Río de Janeiro, el buque de carga l´Etoile para poner rumbo juntos a una aventura de tres años, en la que sería la primera expedición francesa alrededor del mundo. El viaje, que buscaba dar prestigio a Francia, estaba organizado por el militar, explorador y navegante francés  Louis Antoine de Bougainville, quien debía cumplir, en primer lugar, la orden del rey francés Louis XV de entregar las islas Malvinas a los españoles y continuar después su periplo alrededor del mundo, explorando el Pacífico en busca de tierras que se pudieran colonizar y realizando diversos estudios científicos. Para ello, Bougainville, se hizo acompañar por el cartógrafo Charles Routier de Romainville, el astrónomo Pierre-Antoine Véron y el botánico y naturalista Philibert Royale Commerson, quien había contratado, por referencias, a un joven para que lo ayudara en los diversos trabajos de campo que tendría que realizar. Hasta ahí todo normal, si no fuera porque aquel joven no era «un joven», sino una mujer.

Jeanne Baret, que así se llamaba, había nacido en 1740 y creció en un ambiente dominado por la pobreza y el hambre, teniendo que trabajar muy duro para superar un sinfín de dificultades. Así, cuando en 1760 llegó para hacerse cargo de la casa de Commerson, tras la muerte de su esposa, no podía ni siquiera imaginarse la aventura que la vida le reservaba pocos años después. Aquella relación, que había empezado siendo laboral, terminaría convirtiéndose con el tiempo en una relación sentimental de la que incluso, según parece, nació un niño que fue entregado en adopción. Cuando Commerson fue contratado por Bougainville para aquel largo viaje alrededor del mundo, él y Jeanne decidieron realizarlo juntos, pero no iba a resultarles fácil, pues ni las ordenanzas reales permitían que las mujeres se enrolaran en los barcos de la Corona, ni lo permitirían los tripulantes de las naves, temerosos de las supersticiones populares, que aseguraban que las mujeres a bordo traían mala suerte. Urdieron entonces un arriesgado plan: Commerson pidió poder contratar como ayudante a un joven del que tenía muy buenas referencias y así, Jeanne viajó por separado en la nave l´Etoile, disfrazada de hombre y simulando no conocer a quien la había contratado, hasta que se presentó ante él con el nombre de Jean Barré.

Fragata La Boudeuse

Jeanne se tomó su trabajo muy en serio y no sólo acompañó a Commerson en sus expediciones para recoger muestras por pantanos, selvas y bosques de Brasil, el Estrecho de Magallanes, Tahití o Madagascar, sino que, incluso, durante una época en la que el científico cayó enfermo, ella sola se encargó de realizar todo el trabajo de recolección, clasificación y conservación de los ejemplares recogidos, convirtiéndose en una experta botánica. Un trabajo excepcional para una mujer, en un tiempo en el que el género femenino no tenía acceso a la investigación científica y teniendo además que mantener continuamente oculta su identidad, en un ambiente de hombres donde no tardaron en aparecer comentarios jocosos sobre su cara imberbe, sus gestos afeminados y su forma de vestir o las sospechas que levantaba el que siempre buscara un lugar apartado para hacer sus necesidades. Sin embargo, su secreto se mantuvo hasta que llegaron a Tahití, donde los indígenas tahitianos descubrieron que era una mujer nada más verla. No tuvo más remedio entonces que confesar la verdad y Bougainville, para evitar los problemas que aquel suceso les podría acarrear a su regreso a Francia, hizo que Commerson y ella desembarcaran el 8 de noviembre de 1768 en Mauricio, con toda su colección de historia natural, no sin antes reconocerle el excelente trabajo que había realizado y el ejemplar comportamiento que había tenido durante su estancia en el barco.

Allí, en Mauricio, muere en 1773 Philibert Commerson y Jeanne queda en una situación bastante precaria. Para subsistir, abrió un cabaret en la capital de la isla, Port Louis, pero pronto tuvo problemas con la comunidad de la colonia por servir alcohol los domingos. Conoció entonces a un militar con el que se casó y así pudo obtener la autorización para volver a Francia, a donde llegó en 1776 con todas las cajas que contenían la colección de plantas recogidas durante su viaje. En 1785 le fue reconocida oficialmente su labor en la expedición de Bougainville y el rey le concedió una pensión. Jeanne Baret, se había convertido en la primera mujer que dio la vuelta al mundo, realizando, además, una gran parte de la labor científica de la expedición, durante la que se recogieron unos 6000 ejemplares de plantas. Entre ellas había una de bonitas y coloridas flores que fue llamada «buganvilla», en honor a Louis Antoine de Bougainville, comandante de la expedición. Unas 70 especies fueron bautizadas posteriormente con el nombre «commersonii» en honor a Philibert Commerson. Nunca, ninguna de ellas, llevó el nombre de nuestra protagonista, hasta que su historia llegó a oídos del botánico de la Universidad de Utah, Eric J. Tepe, quien escuchó en la radio una entrevista que le hicieron a la profesora de la Universidad de Louisville, Glynis Ridley, autora de un hermoso libro sobre la vida de Baret titulado «The Discovery of Jeanne Baret«. Tepe decidió entonces poner fin a aquella injusticia, dedicándole a Jeanne una especie descubierta por él mismo, una planta trepadora que se encuentra en el sur de Ecuador y en el norte de Perú, a la que llamó «Solanum baretiae» en honor de aquella mujer a la que no dudó en calificar de «…gran botánica y exploradora por derecho propio».

Los Cuadernos de Urogallo
 
 

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