RSS

Archivos Mensuales: noviembre 2011

Galileo Galilei

Galileo por Ottavio Leoni en 1624

El 31 de octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II reconocía públicamente la injusticia que la Iglesia había cometido con Galileo y pedía disculpas por ello.

La repercusión que la vida y los estudios de Galileo Galilei han tenido para la humanidad fueron tan importantes, que en la actualidad nadie duda en considerarlo, no sólo el padre de la astronomía y la física modernas, sino uno de los padres de la Ciencia. Este peculiar personaje nació en Pisa (Italia) el 15 de febrero de 1564. Su padre, Vincenzo Galilei, era un hombre culto procedente de una familia noble y a quien las circunstancias de la Italia de aquella época, inmersa en multitud de conflictos y guerras, habían llevado a una decadencia económica que le obligó a desplazarse de Florencia a Pisa y aceptar un matrimonio de conveniencia con Giulia Ammannati di Pesci, cuya familia, de origen burgués, facilitó a Vincenzo la posibilidad de ganarse la vida dedicándose al comercio. De aquel matrimonio, que según parece nunca llegó a llevarse bien, nacieron siete hijos, el mayor de los cuales fue nuestro protagonista.

Galileo recibió una buena educación. Durante una parte de su infancia estudió en un monasterio y, más tarde, medicina en la Universidad de Pisa. Su padre deseaba a toda costa que fuera médico, un oficio que no sólo estaba muy bien considerado en aquella época, sino además muy bien remunerado. Galileo, que tenía una mente abierta a todo, era un claro ejemplo de hombre renacentista y destacó como dibujante, músico y poeta. Pero en cambio, le faltaba vocación para la medicina y terminó por dejar su carrera. Sin embargo, de la mano de un amigo de la familia, el profesor Ostilio Ricci, le llegaron las primeras nociones de algo que sí despertaría en él un verdadero interés: las matemáticas. Atraído por el pensamiento de hombres como EuclidesPitágoras o Arquímedes, se dedicó en profundidad a su estudio y llegó a ejercer de catedrático en la misma Universidad que años antes abandonara, la de Pisa.

Tras la muerte de su padre en 1591, tuvo que hacerse cargo de la familia. Aceptó la cátedra de matemáticas en la Universidad de Padua y se dedicó, además, a impartir clases particulares para afrontar la delicada situación económica en la que se encontró. Más aún con la llegada al mundo de sus tres hijos, nacidos de la relación que mantuvo con Marina Gamba.

Galileo fue un estudioso incansable, que no se conformaba con la teoría sino que tenía que llevar a la práctica y experimentar todos sus proyectos e ideas. Inventó un gran número de artilugios; elaboró estudios sobre física, que pondrían en entredicho las teorías de Aristóteles sobre la caída de los cuerpos; desarrolló las leyes del movimiento pendular, según se cuenta, cuando descubrió el parpadeo de la llama de una lámpara en la catedral y pasó horas observándola; realizó infinidad de trabajos sobre topografíaarquitecturamecánica y, por supuesto, astronomía.

Telescopio de Galileo - Museo de la Ciencia de Florencia

Durante un viaje a Venecia en 1609, tuvo ocasión de conocer un aparato óptico que recientemente se había fabricado en Holanda. Se trataba de un catalejo que apenas tenía tres aumentos, pero al que él encontró manera de perfeccionar sus lentes para llegar a construir así un  telescopio más potente.

Aquello daría un importante giro a su vida, no sólo por los ingresos que le supondría, que resolverían sus problemas económicos, sino porque, además, aquel instrumento le permitirá observar un cielo en el que descubrirá las irregularidades y los cráteres de la Luna; nuevas estrellas invisibles hasta entonces; los anillos de Saturno; los satélites de Júpiter o las manchas solares.

Todos esos descubrimientos permitían una nueva visión del Universo, más de acuerdo con las teorías heliocéntricas de Copérnico que con las viejas teorías geocéntricas de Ptolomeo y Aristóteles. Es decir, confirmaban que no éramos el ombligo del Universo, que no todo giraba alrededor de la Tierra, sino que eran la Tierra y los demás planetas quienes giraban alrededor del Sol. Pero esa postura chocaba frontalmente con las doctrinas establecidas por la Iglesia y le supondrían a Galileo ser procesado por la Inquisición. Tras ese proceso, el día 22 de julio de 1633 fue obligado a retractarse de sus teorías y jurar de rodillas que nunca más volvería a decir que la Tierra se movía alrededor del Sol. Tras lo cual, se cuenta que añadió la célebre frase: eppur si muove (sin embargo se mueve).

Aquella renuncia le permitió salvar la vida, pero fue condenado a prisión perpetua, pena que le fue permitido cumplir en su casa, donde enfermo y ciego moriría el 8 de enero de 1642, precisamente el mismo año en que iba a nacer otro genio, Isaac Newton, quien años después declararía que todo aquello que logró, lo hizo gracias al trabajo de grandes hombres que le habían precedido, como Galileo Galilei, a quien el propio Einstein denominó “Padre de la Ciencia Moderna“.

Los Cuadernos de Urogallo
Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en 28 noviembre, 2011 en Gente de Ciencia

 

Día de Acción de Gracias

La primer Acción de Gracias - Jean Louis Gerome Ferris

El cuarto jueves de noviembre se celebra en Estados Unidos la fiesta de Acción de Gracias “Thanksgiving Day“, de la que desde esta parte del mundo hemos oído hablar mil veces gracias a la influencia del cine americano.

 Esta fiesta, que para los canadienses es el segundo lunes de octubre, se celebra con una tradicional cena familiar, en la que los comensales acostumbran a comer pavo asado acompañado de salsa de arándanos rojos, verduras, principalmente judías verdes, batata dulce y puré de patata con gravy (una salsa hecha con el jugo del pavo). Para rematar este suculento banquete, no pueden faltar unos apetitosos postres entre los que destacan el pastel de calabaza, el pastel de manzana y el de nuez pacana.

 Al día siguiente, tiene lugar en todo el país la apertura de la temporada de compras navideñas, en el conocido popularmente como “Viernes Negro“, nombre que, según parece, viene dado por el caos de tráfico y gente que se genera en las grandes ciudades. Aunque otras hipótesis aseguran que es debido a que ese día las contabilidades de los comercios pasan de números rojos (déficit) a números negros (superávit), gracias a la cantidad de ventas realizadas en ese breve espacio de tiempo.

Para encontrar el origen de esta fiesta tenemos que remontarnos hasta el año 1620. El 6 de septiembre de aquel año partía la nave Mayflower, desde Plymouth, en el Reino Unido. A bordo de aquel barco viajaban algo más de un centenar de personas, que el 11 de noviembre desembarcaban en la costa este americana, en el territorio de Massachusetts. Eran los primeros colonos británicos en llegar al nuevo continente y, tras asentarse en los restos de un poblado nativo abandonado, fundaron la colonia a la que pusieron el nombre de la ciudad de la que procedían: Plymouth.

Aquel primer invierno resultó excesivamente cruel para aquellos colonos, a los que más tarde se denominó “peregrinos“. El hambre, el frío y las enfermedades les pasaron factura y la mitad de ellos no lograron sobrevivir. El resto, a duras penas conseguía mantenerse con vida, cuando en marzo un grupo de nativos wanpanoag, cuyo líder se llamaba Massasoit, estableció contacto con ellos. Aquellos indios estaban acostumbrados a tratar con los europeos, a los que cambiaban pieles por atractivos utensilios que los extranjeros les ofrecían, pero nunca habían permitido que permanecieran demasiado tiempo en sus tierras, tan sólo el necesario para realizar sus transacciones comerciales. Aquel nuevo grupo parecía tener otras intenciones y, hasta entonces, el contacto de los wanpanoag con los colonos había consistido en pequeñas refriegas, ante las cuales, los británicos optaron por bajar cinco cañones del barco y los emplazaron en el poblado. Sin embargo, en aquella ocasión, Massasoit no pretendía atacar a los colonos, sino pactar con ellos una alianza para hacer frente a sus enemigos los narragansett. Así, a raíz de aquel encuentro, un indio llamado Tisquantum, que hablaba inglés tras haber pasado varios años secuestrado por unos marineros británicos y que pasó a la posteridad con el nombre de Squanto, se instaló en la colonia para ayudar a los peregrinos, que carecían de cualquier experiencia en agricultura y ganadería. Les enseñó a vivir en el bosque, a pescar y secar el pescado, a construir viviendas, a plantar maíz y a fertilizar el terreno enterrando peces junto a las semillas.

Aquel otoño de 1621, los colonos cosecharon maíz más que suficiente para alimentarse durante el invierno y decidieron hacer una comida a la que invitaron, como agradecimiento, a aquellos indios que en los momentos más críticos les prestaron su ayuda. Una comida a la que los británicos aportaron maíz y aves salvajes a las que llamaban “pavos” y los wanpanoag colaboraron con carne de ciervo.

En 1623, el gobernador de la colonia congregó a los peregrinos y sus familias en la casa comunal para escuchar al pastor y dar las gracias a Dios, antes de los festejos por la recolección de la cosecha. Aquello le confería un carácter religioso a una celebración que inicialmente había tenido un origen laico.

La alianza entre colonos y wanpanoag duró más de cincuenta años y fue beneficiosa para ambos grupos. Permitió a los indios defenderse de sus enemigos con la ventaja que les daban las armas británicas y éstos lograron sobrevivir en un medio hostil en el que, casi con toda seguridad, hubieran perecido. Pero aquello abrió la puerta de llegada a miles de europeos que se asentarían en aquel territorio durante las siguientes décadas y, en 1675, un hijo de Massasoit, harto de las leyes que les imponían unos colonos más numerosos ya que los indios, desató una guerra de funestas consecuencias para los nativos, ya que significó su casi total exterminio.

Los Cuadernos de Urogallo


 
Deja un comentario

Publicado por en 21 noviembre, 2011 en Fiestas y Tradiciones

 

De castañas y magostos

Castañera de Burgos

El otoño llega cada año, aunque a veces se retrase tanto que parezca que no va a ser así, y con él aparecen por las calles de las ciudades los primeros puestos de castañas asadas que tan gratos recuerdos nos traen: el olor que inunda las frías calles por las que pasamos o los cucuruchos de papel de periódico llenos de castañas bien calientes, que aprovechamos para calentar las manos o meterlos en el bolso del abrigo y llevar el calor al cuerpo.

Este pequeño fruto altamente energético y rico en vitaminas y minerales, era ya consumido por los seres humanos en el paleolítico. A la Península Ibérica llegó de mano de los romanos, que utilizaban el pan de harina de castañas para alimentar a sus legiones. Desde entonces, desempeñó un importante papel en la alimentación de mucha gente de diferentes zonas peninsulares, especialmente en el medio rural, hasta el siglo XVI, en que otros productos llegados del Nuevo Mundo, como el maíz o la patata, irrumpieron en las costumbres culinarias de la población, desplazando a nuestra protagonista.

Sin embargo, las castañas siguieron formando parte de las tradiciones de muchos pueblos y, con frecuencia, aparecen en diversos rituales relacionados con los difuntos. En muchas zonas del norte peninsular existe la costumbre de comer castañas asadas el Día de las Ánimas. En Galicia se comían en la víspera de Difuntos bajo la creencia de que por cada castaña comida, se liberaba un alma del purgatorio. Y son muchos los lugares donde se dejaba esa noche un buen puñado de castañas asadas para “los ausentes” que, al terminar la celebración de los vivos, se acercaban a calentarse entre las brasas que aún quedaban en las hogueras.

Así, desde finales de octubre y durante casi todo noviembre, especialmente entre el Día de Difuntos y el de San Martín, se celebran populares fiestas en muchos puntos de la geografía peninsular, cuyas protagonistas son las castañas asadas al fuego, siempre purificador y presente en tantas celebraciones.

En Galicia llaman a estas fiestas Magostos y, en ellas, suelen acompañar a las castañas con vino nuevo de la cosecha, además de bailes y juegos populares, como el de tiznarse la cara unos a otros. En Asturias el Magüestu o Amagüestu, en el que se acompañan de sidra dulce, el zumo de la manzana recién pisada y sin alcohol, para disfrute también de los más pequeños. Los vascos la llaman Gaztañerre y suelen acompañar las castañas de Morokil, una crema hecha de harina de maíz. Para los catalanes son las Castanyadas, de las que también forman parte el moscatel, las frutas confitadas, los boniatos y unos pequeños pasteles que llaman panellets. En Cantabria las llaman Magostas; en Málaga Tostonas; en Extremadura ChiquitíasMagostosCalvochás o Calbotes. Este último nombre se utiliza también en algunas zonas de ZamoraÁvilaSalamanca y Toledo. En Portugal son los Magustos. Y así podríamos seguir enumerando tantos nombres como sitios donde se celebran, casi siempre acompañadas de juegos y música de instrumentos tradicionales.

Hoy en día, muchas son las casas de comidas que están recuperando aquellos ricos potes de castañas, que antaño fueron base de la alimentación de tantos hogares y vemos a las castañas formando parte de sabrosos manjares, como relleno o acompañamiento de carnes, en cremas y purés o en deliciosos postres como el exquisito Marrón Glacé, devolviendo así a la castaña un protagonismo que nunca tendría que haber perdido.

Los Cuadernos de Urogallo


 
Deja un comentario

Publicado por en 14 noviembre, 2011 en Fiestas y Tradiciones

 

Marie Curie

Marie y Pierre Curie hacia 1906

Marja Salomea Sklodowska, nacía en Varsovia el 7 de noviembre de 1867 en el seno de una humilde familia.

Su padre, profesor de Física y Matemáticas, y su madre, maestra, trataron siempre de ofrecer a sus cinco hijos una buena educación y estudios, a pesar de las dificultades económicas y los problemas que existían en la Polonia de aquel tiempo, ocupada por la Rusia zarista que vetaba el acceso de las mujeres a la educación.

Desde muy niña destacó por su inteligencia. A los cuatro años leía perfectamente y fue la primera de su clase en el instituto. Trabajó como institutriz para ayudar a costear los estudios de su hermana Bronia, que más tarde la ayudará a ella. Así, decide irse a estudiar a París, donde malvive en una pequeña pensión con el poco dinero que su hermana le iba enviando y algo que ella tenía ahorrado. Fue una época especialmente dura, de frío y hambre, sin apenas dinero para comprar carbón y alimentándose a base de pan, mantequilla y té.

Pero aquella muchacha tímida y obstinada, que siempre vestía de forma austera, vería recompensado tanto sacrificio cuando en 1893 recibía la licenciatura de Física con el primer puesto de su promoción y en 1894 la de Matemáticas con el número dos.

Ese mismo año aparece en su vida Pierre Curie, un profesor de Física con el que se casará al año siguiente. Tras una sencilla ceremonia, se gastaron el poco dinero que recaudaron en la boda en un par de bicicletas y se fueron con ellas a recorrer la campiña francesa.

La adaptación de su nombre al francés y el apellido de su esposo la convertirían en Marie Curie, nombre por el cual pasaría a la posteridad.

En esa época tuvieron lugar dos importantes acontecimientos para la historia de nuestra protagonista: en 1895, el físico alemán Wilhelm C. Röntgen descubre los Rayos X y en 1896, el físico francés Henri Becquerel descubre la Radiactividad NaturalMarie, a propuesta de su esposo, dedica su tesis doctoral al estudio de este último descubrimiento y obtiene el doctorado recibiendo una mención cum laude.

Fueron años de vida humilde y austera, trabajando juntos en un pequeño cobertizo transformado en laboratorio. Pierre, avezado inventor, construía con la ayuda de su hermano los instrumentos que Marie necesitaba para sus pruebas. Ella compaginaba su profesión con el cuidado de las dos hijas nacidas del matrimonio. El resultado fue el descubrimiento de dos nuevos elementos químicos: el Polonio, al que dio el nombre de su país natal y el Radio, llamado así por su alto grado de radiación.

Pierre y Marie renunciaron a la riqueza que les habría proporcionado patentar sus descubrimientos y los cedieron libremente a la comunidad científica internacional. En 1903 Marie Curie era la primera mujer en recoger un Premio Nobel, el de Física, junto a su marido, Pierre Curie, y a Henri Becquerel en reconocimiento de los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de la radiación descubierta por Henri Becquerel“. A partir de entonces llegará la fama y el reconocimiento de los máximos estamentos científicos mundiales. Una fama que no cambiará la humilde y sencilla forma de vida de la pareja, que destinaron los 15.000 dólares que recibieron del premio a comprar regalos a su familia y tan sólo se dedicaron a ellos mismos una pequeña parte, la suficiente para comprarse una bañera para su hogar.

Sin embargo, la tragedia llegará en 1906 cuando Pierre es atropellado por un coche de caballos que le provoca la muerte y sume a Marie en una profunda tristeza. El gobierno francés le ofrece entonces una pensión vitalicia que ella rechaza. Pero sí acepta, en cambio, la propuesta que le hace la Universidad de París de ocupar la plaza de catedrático de Física de la que su marido era titular. Así es como el 15 de noviembre de 1906, una mujer dará clase por primera vez en la Universidad de La Sorbonne, 650 años después de su fundación. Un acontecimiento al que acudió una gran cantidad de expectante público, ante el que Marie se presentó vestida de negro y con la modestia y humildad que siempre se caracterizó, retomó las últimas frases del discurso que pronunció su marido cuando asumió la cátedra. Y tras ese pequeño homenaje al que había sido su inseparable compañero, comenzó la clase.

En 1911 llegará el segundo Premio Nobel, en esta ocasión de Química, que la convertirá en la primera persona de la historia en recibir dos veces tan importante galardón.

Durante la Primera Guerra Mundial, Marie instaló un aparato de Rayos X en un camión que fue apodado “Petit Curie” y que ella misma se ocupó de conducir, para tratar a los heridos en el frente. Pronto se instalaron en más camiones y ella adiestró al personal necesario para su manejo. Personal entre el que se encontraba su propia hija Irène, que más tarde también se haría merecedora de un Nobel en Química.

Marie Curie continuó incansable su trabajo hasta que, probablemente debido a la exposición a radiaciones durante tantos años, una terrible enfermedad, que la dejó ciega, le provocó la muerte el 4 de Julio de 1934. Fue enterrada junto a su esposo Pierre Curie, tras un sobrio funeral al que tan sólo acudieron familiares, amigos y colegas más cercanos. Años más tarde, en 1995, los restos de ambos fueron trasladados, con todos los honores, al Panteón de París, donde también se convertiría en la primera mujer enterrada allí.

Los Cuadernos de Urogallo

 

 
Deja un comentario

Publicado por en 7 noviembre, 2011 en Gente de Ciencia

 

Samhain

Samhain era una de las fiestas más importantes del mundo celta. Su nombre, en la lengua gaélica de los celtas irlandeses, significa “el fin del verano“. Esta fiesta, que nosotros actualmente situamos en la noche del 31 de octubre, para ellos no tenía en realidad un día preestablecido, sino que se celebraba siempre en la primera luna llena del ciclo invernal. Esa luna marcaba la primera de las tres noches que solían durar los festejos, en los que se celebraba el fin de la temporada de cosechas o, como su nombre indica, el fin del verano. Para los celtas el año estaba dividido en dos épocas claramente diferenciadas, la clara o caliente (que abarcaba la primavera y el verano) y la oscura o fría (que abarcaba el otoño y el invierno). Samhain indicaba el paso hacia esa mitad oscura y marcaba el inicio de un nuevo año.

Pero además, existía la creencia de que durante esa época de transición entre ambas estaciones, se abría la puerta que separaba el mundo de los vivos del de los muertos, permitiendo así que los espíritus de los antepasados difuntos pudieran retornar temporalmente junto a sus familiares vivos. Esta creencia convertía Samhain en una fiesta de reverencia a los ancestros, en la que se encendían hogueras y se practicaban rituales para comunicarse con los espíritus de los familiares. Sin embargo, junto a los espíritus de los seres queridos podían aparecer otros malignos. Para ahuyentarlos existía la costumbre de bailar ataviados con máscaras y disfraces.

Con la llegada del cristianismo, se trataron de erradicar todas estas costumbres y rituales de carácter pagano y Samhain fue sustituido por la festividad cristiana del Día de Todos los Santos, que pasó del 13 de mayo, en que se celebraba hasta entonces, al 1 de noviembre, fijando el 2 de noviembre como Día de Difuntos.

El Día de Todos los Santos fue constituido como fiesta universal y, por tanto, se celebraba una vigilia vespertina el día anterior, que fue denominada en inglés “All Hallow´s Eve” (Vigilia de Todos los Santos), expresión que más tarde terminaría convirtiéndose en el conocido vocablo Halloween.

Muchos fueron los irlandeses que emigraron al continente americano, especialmente durante la hambruna irlandesa de 1840. Con ellos llevaron también las costumbres y tradiciones de su tierra, facilitando que las celebraciones de Halloween se propagaran por muchos territorios del Nuevo Continente, especialmente los de origen anglosajón.

La publicidad, el cine y los intereses comerciales permitieron la divulgación de esas tradiciones a nivel mundial y, hoy en día, son muchos los jóvenes que celebran el Halloween en otros países en los que hasta hace poco no existía esta costumbre. Sin embargo, junto a la importación desde América de estas prácticas, se ha desarrollado el interés por rebuscar entre los más recónditos rincones de nuestra cultura y permitir así que en muchos lugares, como Galicia, se recuperen antiguas y casi perdidas tradiciones, relacionadas con aquellas remotas festividades que en esta tierra gallega se conocen como Samaín.

Los Cuadernos de Urogallo